El experimento que desmontó la astrología: el efecto Forer

Todavía, en la actualidad, es frecuente encontrar personas que afirman coincidir en todos o casi todos los rasgos de personalidad que su horóscopo predice. Seguramente estas personas cambiarían de opinión si conocieran el experimento que llevó a cabo un psicólogo llamado Forer. Un experimento tan sencillo como eficaz que permitió entender cómo funcionan diferentes tipos de adivinación como la astrología, el tarot, los oráculos o los test de personalidad que aparecen en las revistas populares.

Bertram R. Forer se doctoró en Psicología Clínica en la Universidad de California en los
años 30. En 1948 realizó el experimento que lleva su nombre y que publicó un año
después en el Journal of Abnormal and Social Psychology como “The fallacy of personal validation: A classroom demonstration of gullibility

El experimento fue el siguiente: dio a sus estudiantes un supuesto test de personalidad para que lo contestaran, luego repartió entre ellos un análisis de los resultados de esa prueba, simulando que era una evaluación personalizada. En realidad, el análisis lo había confeccionado juntando fragmentos de diferentes horóscopos que había encontrado en los periódicos.

El análisis de la personalidad de cada uno de los alumnos fue el mismo:

“Tienes la necesidad de que otras personas te quieran y admiren, y sin
embargo eres crítico contigo mismo. Aunque tienes algunas debilidades en
tu personalidad, generalmente eres capaz de compensarlas. Tienes una
considerable capacidad sin usar que no has aprovechado. Disciplinado y
controlado hacia afuera, tiendes a ser preocupado e inseguro por dentro. A
veces tienes serias dudas sobre si has obrado bien o tomado las decisiones
correctas. Prefieres una cierta cantidad de cambios y variedad y te sientes
defraudado cuando te ves rodeado de restricciones y limitaciones. También
estás orgulloso de ser un pensador independiente; y de no aceptar las
afirmaciones de los otros sin pruebas suficientes. Pero encuentras poco
sabio el ser muy franco en revelarte a los otros. A veces eres extrovertido,
afable, y sociable, mientras que otras veces eres introvertido, precavido y
reservado. Algunas de tus aspiraciones tienden a ser bastante irrealistas.”

Los estudiantes debían puntuar del 1 al 5, según la exactitud de esa descripción. El resultado promedio fue de 4,26. El test de 1948 se ha repetido en multitud de ocasiones desde entonces, y los resultados siempre se encuentran alrededor de 4,2.

El efecto Forer, también llamado falacia de validación subjetiva o efecto Barnum, es la aprobación que las personas hacen de las descripciones de su personalidad que supuestamente han sido realizadas específicamente para ellas, pero que en realidad son generales y suficientemente vagas como para ser aplicadas a un amplio espectro de gente.

Se han hecho multitud de estudios posteriores confirmando que la eficacia del efecto Forer se ve acentuada si se dan las siguientes situaciones:

-Si el sujeto cree que el análisis se aplica sólo a él. El texto debe estar redactado en
segunda persona, y dejarlo bien claro en repetidas ocasiones.

-Si el sujeto cree en la autoridad del evaluador. La sugestión juega un papel muy
importante: si el sujeto cree en la magia y el ocultismo, un entorno ambientado como
tal, aumentará la efectividad. Si el sujeto es más escéptico, suele tener más
efectividad que el ambiente sea más científico.

-Si el análisis enumera mayormente atributos positivos. Se cree que esto sucede
porque las personas tienden a reconocerse más con lo que desean ser que con lo que
verdaderamente son. Tendemos a aceptar afirmaciones de nosotros mismos
basándonos en el deseo de que sea verdad más que en la exactitud de tales
afirmaciones.

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El cerebro en acción

Los estudios de Psicología de la Percepción revelan desde hace tiempo que las personas registramos sólo parte de las señales proporcionadas por nuestro medio. Nuestra habilidad para procesar información es de hecho muy limitada cuando se compara con la complejidad de la información a la que estamos expuestos. Por este motivo utilizamos estrategias para reducir las tareas de procesamiento difíciles. De modo que la entrada de información está sometida a leyes y procesos que deforman la percepción, funcionando por ejemplo, mediante selección, rigidez y simplificación.

En los años 70 comenzaron a aparecer estudios (con los psicólogos Daniel KahnemanAmos Tversky) que descubrían que la gente no siempre utiliza mecanismos adecuados de análisis ni el resultado de estas operaciones se ajusta a un funcionamiento lógico óptimo. Del estudio de los errores que cometemos en la percepción social surgen
conceptos como el de sesgo cognitivo que implica una tendencia de respuesta que se
mantiene sistemáticamente en casi cualquier situación.

Existen muchos tipos de sesgos, entre los más comunes están:

Las correlaciones ilusorias que, en el ámbito de los estereotipos sociales, nos
hacen sobreestimar la frecuencia de una conducta infrecuente (por ejemplo, un
robo) en un grupo minoritario (por ejemplo árabe) y a recordar mejor esa
información. Este fenómeno se da con mucha frecuencia y probablemente se
encuentre en el origen de muchos estereotipos.
Sesgo del falso consenso, según el cual tendemos a pensar que los demás se
comportarían igual que nosotros en las mismas circunstancias. El sesgo de la
falsa peculiaridad, sin embargo, es la tendencia a considerar determinados
rasgos personales como únicos o peculiares. Pero el falso consenso es más típico
que se observe cuando se juzgan opiniones y actitudes, mientras que la falsa
peculiaridad es más probable que se observe cuando se trata de juzgar
cualidades positivas que uno considera muy importantes y cree poseer.
Sesgos egocéntricos o de autofoco, cuando las personas evalúan su propia
contribución en actividades compartidas suelen sobreestimar su aportación, lo
que se llama atribución egocéntrica. Esto se da también en tareas de recuerdo,
uno recuerda mejor su contribución relativa a una tarea que la de los demás.
Ilusión de control, la tendencia a considerar que la propia respuesta guarda una
mayor relación con un resultado de la que realmente existe, especialmente si el
suceso tiene consecuencias positivas. La ilusión de control, así como la correlación ilusoria son tipos de un sesgo muy común: las ilusiones de causalidad, que son la base de la mayor parte de creencias irracionales. Matute, Yarritu, Vadillo (2011)
Pareidolia, o la tendencia a asociar imágenes que se presentan de forma ambigüa y
vaga con expresesiones faciales y objetos comunes. Por ejmplo, ver caras
conocidas en una mancha cualquiera o reconocer formas en las nubes o las
constelaciones celestes.
Efecto de arrastre, hacer o creer determinadas cosas sólo porque
mucha gente las hace o las cree.
Sesgo de confirmación,  buscar o interpretar información de modo
que confirme nuestra idea.

Sesgos que utilizamos al procesar la información y que parecen explicar, entre otras
cosas, por qué tantas personas piensan que las pseudociencias (astrología, quiromancia, grafología, lectura en frío, etc.) “funcionan”. Y si no, preguntémosle a Forer.

Así que, cuanta más información exista sobre cómo funciona nuestra mente, más rápido se extinguirá el oficio de charlatán… o no.

Actualización: 7 de noviembre de 2013

Aquí os dejo la presentación  “El cerebro en acción”  de la IX Reunión de Divulgadores de Ciencia, que tuvo lugar en Salamanca los días 1 y 2 de noviembre de 2013.